Gato Pérez son las crónicas gatunas de un gato del montón, un zape sin zipi, un tres tristes tigres, o en éste caso, un gatito resultón.
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Martes, 08 de febrero de 2005

No hace mucho, me enteré de que iban a traer a España el musical CATS, famoso en el mundo entero por su arrollador éxito y su permanencia en los carteles durante 20 años representándose ininterrumpidamente. Y digo yo, un musical de estas características, necesitará un gato como yo, con mis innegables cualidades para la danza. ¿¿Quién mejor que yo para interpretar a un gato??. Gazz se enteró al igual que yo de los castings que se iban a celebrar, pero cayó en el primer asalto, temían que les fuera a gafar la obra un gato negro. Así fue como tuve vía libre para proclamarme el rey de los gatos en dicha obra teatral.
Pero al presentarme a la primera prueba no conté con algunos pequeños problemas que iba a tener con la dirección. Me llamaron por mi nombre, subí al escenario y acto seguido me pidieron que maullara. Pues vaya prueba, ¡si eso está chupado!. Les dediqué un recital de maullidos con todo tipo de tonalidades, hasta les regalé un par de ronroneos. Luego me dijeron que me pusiera en cuclillas y que saltara a cuatro patas. ¡Hale hop!. Salté como si fuera un estúpido monigote. Los gatos no saltamos por ahí sin ton ni son, si no es para trepar por una valla, subir a un árbol o cualquier otra cosa que merezca la pena de saltar, un salto porque sí es una tonteria, nosotros no vamos dando saltitos por ahí como Caperucita roja. Pero salté. Todo fuera por hacerme con el papel. Luego me dieron un tu-tu y me dijeron...
- Tú, tu tu-tu.
- ¿Mande? (miau en idioma gatuno).
-Que te pongas el tu-tu he dicho. Dijo un ayudante de dirección alargando el brazo para pasarme el tu-tu.
- Pero yo yo?. Tartamudee.
- Sí, tú, tu tu-tu.
Miré al humano con cara de extrañeza y pensé qué capítulos del curso gatuno-humanoide, humanoide-gatuno me debí perder. Cogí el dichoso tu-tu y me lo puse como pude. Luego me pidieron que bailara para ellos, como un gato. ¿Cómo un gato?, pensé yo. No sé como bailará los otros gatos, pero yo bailo al estilo Travolta en Pulp Fiction, sólo me faltaba Uma Thurman. La comotiva que tenía frente a mí quedó boquiabierta con mis innegables dote de bailarín experimentado. Apuntaron cuatro garabatos en sus libretas. Luego, el mismo ayudante de dirección se me volvió a acercar y para pasarme esta vez un traje de lycra.
- Puedes cambiarte ahí detrás. Me dijo señalándome con biombo con el dedo.
- Pero.... ¿para qué?. ¡Sí voy ideal!. Mis bigotes, mis patitas, mis orejillas, miz zarpas..
- Señor Pérez, haga lo que le pedimos, recuerde que esto es un casting y tiene que hacer todo lo que le pidamos.
- ¿¿Pero por qué??. ¿Pero no ven que no me hace falta disfraz alguno?.
- Señor Pérez, cómo vuelva a objetar algo suspenderemos la entrevista.
- ¿¿Pero por qué??.
Y así fue cómo el mundo perdió a una prometedora estrella del musical gatuno por antonomasia. Ellos se lo pierden, ¡hum!.
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Jueves, 27 de enero de 2005
Esto es increíble, todavía me tiemblan las patas y se me arrugan los bigotes con sólo pensar lo que me ocurrió el otro día. Se trata de mi nueva dueña y de sus extrañas costumbres que suele tener en casa.
Hará unos tres meses que vivo con ella, es una chica soltera de treinta y tantos años, la cual invita a uno novio o rollete diferente cada fin de semana a su casa, y claro, allí estoy yo viendo las idas y venidas de los novietes y las idas y venidas en la cama de la susodicha. La chica se llama Marcela, y le va que ni pintado su nombre. Es como si estuviera continuamente en celo, celada eternamente. Éste último fin de semana me las tuve que ver con uno de sus rolletes amenazándole con mis gruñidos felinos para que depusiera su actitud, debido a su insistencia por curiosear los cajones de la casa, aprovechando que Marcela estaba duchándose. Deponga su actitud, le decía una y otra vez enseñándole mis colmillos, pero nada, no entendía el idioma gatunil. Pero si hay algo que todo el mundo conoce es el dolor. Al ver que insistía en buscar en el cajón de las braguitas, me lancé a su entrepierna sacando mis zarpas, para luego dejarme caer por su pierna izquierda rajándole el pantalón de arriba a abajo, como si fuera el mismísimo pirata barba roja deslizándome cuchillo en mano por la vela del barco que quiero abordar.
No os podéis imaginar el chillido de nenaza que soltó el tío, aulló de dolor. ¡Viva la comunicación sin fronteras!. Marcela salió apresuradamente de la ducha recogiéndose el pelo con una toalla.
- ¿Qué ha pasado Nacho?. ¿Qué es todo ese jaleo?
- ¡Aaauhh, aauhh!, tú gato se ha vuelto loco, se me ha tirado a la pierna como un poseso sin yo hacerle nada y me ha arañado toda la ..aauhh...llama a una ambulancia, creo que me ha desgarrado un huevo, ah, ah, dios...
Al rato llegó una ambulancia que se llevó al playboy de turno y nos dejó solos por fin. Marcela se excusó de no poder acompañarle puesto que no podía dejar solos a sus mascotas, osease, a su serpiente pitón y a mí. Sí, sí, he dicho bien, una serpiente pitón de casi dos metros de largo. Marcela adora a esos reptiles rastreros (nada personal contra ellos, es que son así) y tenía un terráqueo exclusivo para su serpiente pitón. Y allí nos quedamos aquella noche de sábado, compuestos y sin playboy a la vista.
El caso es, que como ya dije antes, mi ama Marcela necesita copular tanto como respirar. Después de cenar un triste plato de ensalada, luego finiquitó su cena zampándose media caja de bombones de chocolate que le regaló nuestro amigo el playboy. Después del atracón de chocolate me dió mi comida de lata, me acarició las orejillas y se fue a su habitación para ponerse cómoda. ¡Miau!, vaya si se puso cómoda, a su vuelta volvió tal y como la trajeron al mundo, en pelota picada. La miré con cara de gato flipado, me fue imposible obviar sus evidencias. Los pechos de mi ama tenían una extraña batalla con la ley de la gravedad, sus pezones miraban hacía arriba como si fueran los pitones de un toro. Hablando de pitones, me puse a maullar como un gato en celo al ver como mi ama sacaba a la serpiente pitón, dejando que la susodicha se enroscase por todo su libidinoso cuerpo. Miau, miau decía yo, y Marcela con la serpiente a cuestas no se le ocurrió otra cosa más que darme un platito de leche. ¡¿Quién quiere un plato de leche?!, ¡leche!. Me dedicó una caricia en la barbilla y me regaló una sonrisa. Dió media vuelta y se espacharringó con la pitonisa rastrera.

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Lunes, 24 de enero de 2005

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Sábado, 22 de enero de 2005
Hoy me gustaría mostrarles a algunos de los gatos ilustres (más que un servidor si cabe) que han hecho historia en este mundo de gatos y humanos.







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Miércoles, 19 de enero de 2005
En el post anterior conté mis encuentros con el líquido diabólico, pues bien, Hoy os voy a contar lo que hice una vez por amor. Bien cierto es que el amor nos reblandece la sesera, o eso o el agua, una de dos.
Hace unos tres años lideraba mi propia pandilla de gatos callejeros, nos hacíamos llamar "los zapes", como queriendo decir que nosotros mismos dábamos más miedo que el grito de guerra de los humanos. En la pandilla estaba el chulo, el chulo sensible, el bestia, y los tres mininos tontorrones. Yo era el chulo sensible, al más puro estilo Travolta interpretando a Danny Suko en Grease. Aquella tarde fuimos a la piscina municipal para lucir nuestros cuerpos salerosos y peludos para deliete de las féminas del lugar. He de aclarar que la piscina estaba cerrada al público, estaban haciendo reformas en las instalaciones y los únicos ocupantes de la misma eramos nosotros, los gatos. Y allí estaban ellas, "las sapristi" la pandilla de gatas más monas de la ciudad, sus ojos camelaban el aire, un sólo roce de sus bigotes te elevaba a los cielos, un simple ronroneo suyo te ponía más, más...te ponía vamos. Y allí estaban, Cindy, Megan, Rizzo y Samantha, estiraditas en las gradas de enfrente. Yo estaba coladito por Sam desde el verano pasado, era una gata parda de alta cuna, algo demasiado lejano de mis posibilidades. Al rato Sam se levantó y cuchicheó algo con sus amigas, para luego dirigirse hacía la piscina. Se colocó al filo de la piscina y se puso a mirar el fondo.
- ¿Se te ha perdido algo Sammy?. Maulló Penco, el chulo de la pandilla.
- No. Conestó escuetamente Sam. Las respuestas de Sam siempre eran breves, como si se le fuera a escapar el alma por la boca en medio de una frase.
Dicho eso se tiró al agua acabando por perderse por las profundidades de aquel líquido diabólico. Yo me asusté tanto que corrí hacía piscina raudo y veloz. ¡Se estaba ahogando mi amor!. Mi amor secreto sí, pero no dejaba de ser mi amor, tenía que hacer algo. Mis compañeros me dijeron entre risas y maullidos que me lanzara a salvarla, que no tenía los suficientes bigotes como para meterme allí dentro. Les miré, miré el agua de la piscina, miré a las amigas de Sam, volví a mirar el agua y empecé a oír risas burlonas. Y me tiré. De ahí viene lo que decía antes, que el amor reblandece los los sesos, o los sentidos, o los acentua o yo que sé. Es como una explosión de sentimientos que ignorabas que pudieras tener. Me tiré de forma estrepitosa, no paraba de chapotear y de maullar con desesperación. ¿Cómo podía haber hecho algo así?. Estaba empezando a tragar demasiada agua y no veía la orilla por ningún lado, todo yo era un revoltijo de nervios y de pataletas. De pronto, sentí una pata en mi lomo, ¡dios!, era el dios de los gatos que vino a llevarme con él. ¡No!, yo no quería abandonar éste mundo sin poder tener entre mis patas a la bella y encantadora de Sa. -¡Te quiero Sam!, ¡siempre te he querido!, ¡¡ meeeeuuuuaaah!!. Escuché unas risitas a mi lado, ¡era Sam!, me dió un abrazo con sus suaves patas y dejé de chapotear, perdí de vista el mundo por un momento, mi sueño se estaba cumpliendo. Tenía a Sammy entre mis patas, ¿o era al revés?, es igual, me dejé llevar por el momento.

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Martes, 18 de enero de 2005
Debo confesar que yo soy uno de esos gatos que evitan el contacto con el agua todo lo que puedo, y más. Recuerdo que una vez tuve una ama, (de las muchas que he tenido, aunque según ellos eran ellos los que me tenían a mí, ilusos) obsesionada por la higiene doméstica, y cuando digo doméstica, me incluyo puesto que según ella era parte del mobiliario del piso, siempre listo para deslumbrar a las marujas de sus amigas. Una vez me pilló por sorpresa la maníatica de mi ama y me metió en la bañera en un visto y no visto. Fue de la manera más tonta, estábamos jugando los tres, su hija, ella (la maníatica) y yo con un ovillo de lana. Nos lo estábamos pasando bomba, hasta que la niña lanzó el ovillo dentro del cuarto de baño y yo que me fui para allá más contento que unas castañuelas marcando un trotecillo juguetón, y ahí estaba la madre y, pim pam, ya estaba dentro de la bañera -siempre caigo con el viejo truco del ovillo. Maldición - ¡¡¡Miaaaaaauuuu!!!. Al entrar en contacto con el líquido diabólico pegué un respingo y me agarré al delantal de la desgraciada a la que se le había ocurrido tan sensacional idea. Me agarré a ella hundiendo mis zarpas en sus brazos carnosos, intentó apartarme y acabé por hacerle unos tatús de lo más graciosos con mis uñas, parecía la senyera con sus franjas rojitas. Volvió a meterme en la bañera, pero ya no opuse resistencia, el daño estaba hecho y lo que importaba ahora era que acabara pronto esta tortura. Tenía que haber caído desde un principio que había gato encerrado con tanto juego, ¡vaya si había gato encerrado!. Palangana de agua por aquí, palangana de agua por allá...frota que frota con la esponjita.. al final me sacó la niña y me colocó una toalla en el lomo y empezó a secarme la cabeza y demás extremidades.

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Lunes, 17 de enero de 2005
La primera vez que escuché la expresión "buscarle los tres pies al gato" me dejó algo perplejo. Yo no conocía esos dichos y refraneros pueblerinos, era un simple y tierno gato. Recuerdo que al escuchar a una pareja discutir de sus cosas (cosas de cornamentas varias) uno de ellos dijo "no le busques los tres pies al gato". Yo que estaba relativamente cerca de ellos dije para mis adentros gatunos - ¿You talkin' to me?. Sólo me faltó sacar la pipa a lo Robert De Niro encarnando Travis Bickle. Miré mi cuerpo peludo y empecé a contarme las patas. Uno, dos, tres, cuatro...cuatro, tengo cuatro, ¿qué dice el humano ese de tres pies de un gato?. ¿ Acaso me ha dado una pata de más la madre naturaleza?, ¿o es que me debería haber dado pies en vez de patas?, como los humanos, y tal vez el tercer pie sería para hacer de trípode o algo así...en ese caso, el tal Nacho Vidal tendrá tres pies, ¿no?, ¡entonces es un gato!, ¡como yo!. Hummm..entonces, si Nacho Vidal es un gato, ¿yo qué soy?. Eran tantas las dudas que me asaltaban que decidí dejarlo estar, total, fuera lo que fuera ya no tenía remedio.

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Viernes, 14 de enero de 2005
Me gustaría aclarar en nombre de mis confelinos ciertas conjeturas, ciertas leyendas que recaen sobre nosotros, los gatos. Muy señores míos, cuando vean a un gato subido a un árbol, dejénlo, por lo que más quieran, dejénlo, si ha podido subir hasta allá arriba, está claro que podrá bajar, tarde o tempreano, pero bajará. Tienen ustedes la tremenda manía de montar una película entorno a nuestros reflejos de supervivencia, o simplemente de nuestras aficiones paisajísticas, que los gatos también tenemos hobbies. Que sí la policía, que si los bomberos, que si el vecino palitos por aquí, palitos por allá...DEJEN EL DICHOSO PALITO, no me hagan decir donde les pondría yo el palito. Escuchen más a sus viejos ídolos musicales, ¿acaso no entendieron el mensaje del Let it be?.
Otro punto oscuro es el de las siete vidas. Eso es un cuento para niños tontos, un camelo para que no sufran sus atormentadas almas. Que si somos muy flexibles, que si siempre caemos de pie... me importa un carajo mi flexibilidad. Cuando tengo una de esas caídas, uno de esos revolcones de la vida, sufro, me cago por las patas, tengo un miedo que pa qué. Esos segundos en los que estás a merced de la gravedad, ¡y que gravedad!, sufro como el que más, veo mi vida gatunil como en una película. Veo a mi mamá, a mi papá, al lechero...¿al lechero?. Me acuerdo de mis primeros escarceos bajo la luz de la luna, buscando entre la basura, cazando lagartijas, enamorando a gatitas... mi vida. Dejen de crear falacias, duele. Vaya si duele.

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Miércoles, 12 de enero de 2005
Una de las cosas que más detesto es cuando son los chistes malos.
¿Por qué ladran los perros a los coches?
Porque llevan gato.
Ja, ja y ¡JA!. Permitirme que me ría ante tanta comicidad. Aunque bien pensado soy afortunado, los perros en estos casos salen perdiendo, pobres chuchos. Pobres botarates. Hablando de coches, una vez, hace ya años de esto, me quisieron meter en un Seat 1430. Por aquel entonces tenía un amo que se resistía a comprarse un coche con aire acondicionado. Lo de amo lo digo por decir algo, se creía que yo le pertenecía o algo parecido, no saben los humanos que es todo una farsa, un camelo para que me puedan alimentar mientras hago mis escapaditas nocturnas. Aquel verano decidió llevarse a toda la familia a Alicante, -¡todos pa alante!. Dijo el desgraciado. Se montaron la mujer, los tres niños y la suegra. Pero no contaron conmigo. El amo me tenía cogido por el pellejo de mi lomo. Dicen que a los gatos no les duele que les cojan por el pellejo, me gustaría que se pusieran en mi susodicho, ignorantes bocasucias. Me miró, le miré con ojos llorosos, intentando un chantaje emocional, me volvió a mirar, le miré otra vez, miró el maletero abierto y ¡ZAS!. ¡ El muy hijo de puta me metió en el maletero!.

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Miércoles, 12 de enero de 2005
Esto es nuevo para mí, un sitio donde poder dejar mis impresiones de forma escrita, y encima gratis. Quizás algunos de ustedes habrán visto weblogs contado por perros, o por gatos, pero, ¿¿acaso leyeron alguna vez a un gato enmascarado??. ¿No?, pues si me lo permiten les haré una breve introducción de lo que ha sido mi vida.
Yo no fui siempre una bola de pelo con bigotes, no, no, yo nací siendo un humano, una palabra de la que cada vez dudo más de su significado, pero bueno, humano al fin y al cabo. Mis padres eran humanos, como no, o al menos todo lo humanamente que podían serlo. Mis padres tenían por aquel entonces a Gazz, un gato como la mascota de la casa. Gazz era un gato arrogante, envidioso y rastrero, tuvo engañados a mi padre todo este tiempo haciéndoles creer que era todo un amor de gato. ¿Qué cómo sé todo esto?, pues porque el propio Gazz me lo contó. Vale, ya sé que esto parece un culebrón venezolano y yo Carlos Mata, pero no, todo tiene una explicación. Cuando yo contaba ya con tres meses, mis padres me dejaron con una canguro una noche, con la canguro y con Gazz. Gazz, osea mi padre - lo sé, menudo lío - aprovechó aquella noche para hacerme una visita a la cuna. Se podría decir que yo era su enemigo, el rival que le apartaría de sus amos. Aquella noche Gazz se subió a lo alto de la cuna ejecutando siempre los más sibilinos movimientos, me destapó la mantira con una de sus afiladas garras y me miró con sus ojos brillosos. Al cabo de un rato la canguro entró en la habitación y se puso a chillar, Gazz huyó saltando por la ventana, sabiendo que había cuando sus amos se enterasen de lo sucedido lo deportarían a un centro de acogida, o algo peor.

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