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Gato Pérez

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Gato Pérez son las crónicas gatunas de un gato del montón, un zape sin zipi, un tres tristes tigres, o en éste caso, un gatito resultón.

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Jueves, 27 de enero de 2005

Instinto básico


Esto es increíble, todavía me tiemblan las patas y se me arrugan los bigotes con sólo pensar lo que me ocurrió el otro día. Se trata de mi nueva dueña y de sus extrañas costumbres que suele tener en casa.

Hará unos tres meses que vivo con ella, es una chica soltera de treinta y tantos años, la cual invita a uno novio o rollete diferente cada fin de semana a su casa, y claro, allí estoy yo viendo las idas y venidas de los novietes y las idas y venidas en la cama de la susodicha. La chica se llama Marcela, y le va que ni pintado su nombre. Es como si estuviera continuamente en celo, celada eternamente. Éste último fin de semana me las tuve que ver con uno de sus rolletes amenazándole con mis gruñidos felinos para que depusiera su actitud, debido a su insistencia por curiosear los cajones de la casa, aprovechando que Marcela estaba duchándose. Deponga su actitud, le decía una y otra vez enseñándole mis colmillos, pero nada, no entendía el idioma gatunil. Pero si hay algo que todo el mundo conoce es el dolor. Al ver que insistía en buscar en el cajón de las braguitas, me lancé a su entrepierna sacando mis zarpas, para luego dejarme caer por su pierna izquierda rajándole el pantalón de arriba a abajo, como si fuera el mismísimo pirata barba roja deslizándome cuchillo en mano por la vela del barco que quiero abordar.

No os podéis imaginar el chillido de nenaza que soltó el tío, aulló de dolor. ¡Viva la comunicación sin fronteras!. Marcela salió apresuradamente de la ducha recogiéndose el pelo con una toalla.

- ¿Qué ha pasado Nacho?. ¿Qué es todo ese jaleo?
- ¡Aaauhh, aauhh!, tú gato se ha vuelto loco, se me ha tirado a la pierna como un poseso sin yo hacerle nada y me ha arañado toda la ..aauhh...llama a una ambulancia, creo que me ha desgarrado un huevo, ah, ah, dios...


Al rato llegó una ambulancia que se llevó al playboy de turno y nos dejó solos por fin. Marcela se excusó de no poder acompañarle puesto que no podía dejar solos a sus mascotas, osease, a su serpiente pitón y a mí. Sí, sí, he dicho bien, una serpiente pitón de casi dos metros de largo. Marcela adora a esos reptiles rastreros (nada personal contra ellos, es que son así) y tenía un terráqueo exclusivo para su serpiente pitón. Y allí nos quedamos aquella noche de sábado, compuestos y sin playboy a la vista.

El caso es, que como ya dije antes, mi ama Marcela necesita copular tanto como respirar. Después de cenar un triste plato de ensalada, luego finiquitó su cena zampándose media caja de bombones de chocolate que le regaló nuestro amigo el playboy. Después del atracón de chocolate me dió mi comida de lata, me acarició las orejillas y se fue a su habitación para ponerse cómoda. ¡Miau!, vaya si se puso cómoda, a su vuelta volvió tal y como la trajeron al mundo, en pelota picada. La miré con cara de gato flipado, me fue imposible obviar sus evidencias. Los pechos de mi ama tenían una extraña batalla con la ley de la gravedad, sus pezones miraban hacía arriba como si fueran los pitones de un toro. Hablando de pitones, me puse a maullar como un gato en celo al ver como mi ama sacaba a la serpiente pitón, dejando que la susodicha se enroscase por todo su libidinoso cuerpo. Miau, miau decía yo, y Marcela con la serpiente a cuestas no se le ocurrió otra cosa más que darme un platito de leche. ¡¿Quién quiere un plato de leche?!, ¡leche!. Me dedicó una caricia en la barbilla y me regaló una sonrisa. Dió media vuelta y se espacharringó con la pitonisa rastrera.



Por los bigotes del gato Félix, que me aspen si la tía no quería montárselo con la pitón. Efectivamente, Marcela indicó el camino que debía seguir la pitón, la ruta a seguir era la caverna húmeda del chichi-navo, una caverna de gran interés socio-cultural, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. Por Azrael, que en gloria esté, que vi como la pitón penetró a la insaciable de mi ama, de tal manera, que los ojillos de la encantadora de serpientes le hacían chiribiris, dejando la mirada perdida, retozando de gusto por el sofá. No quiero ni pensar las cosas que puede hacer un bicho ahí con una lengua bífida. Y así se tiraron las dos , jugando a los frotamientos y a las búsquedas lascivas. Yo me quedé unos minutos extasiado, viendo la escena -recuerden que soy medio gato medio humano- con los ojos como platos, preguntándome porqué mi ama no me invitó a su fiesta particular. Yo habría podido saciar sus instintos más animales con un recital de ronroneos y de frotamientos peludos, todo por la ama. Pero nadaaaa...por lo visto si lo de la lengua bífida son unos puntos de más para el jugueteo, tener la lengua más rasposa que una lija resta muchos puntos al asunto. Cest la vie.


Por: Gato Pérez | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Jo, qué gente más rara hay por el mundo, menudos dueños te tocan! Una pitón.. arf! Aunque quien sabe oye.. :P Bueno, mejor no.. uhmm..

Qué bien queda la imagen del gato espantado, perfecta para describir la situación, vamos! :D

Bachi | 27-01-2005 22:43:25


Que dura es la vida de un gato Bachi!. En fin, ya he visto tanto que estoy casi curado de espanto.

Voy a seguir tarareando una canción en tu honor...

bachi, bachi, bachiiii..mira a la bachi, bachi bachi...bachi que bachi es!.

;)

Gato Pérez | 28-01-2005 18:07:55

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